GENTE SOLIDARIA: "LA CASITA DE MICAELA" DE CASEROS  
Un hogar diferente para los chicos en riesgo

Desde hace 15 años, Adriana Spinelli recibe chicos de diferentes juzgados · En sus tres casas hoy viven más de 80 chicos que fueron víctimas del abandono

MARIANA IGLESIAS
 

Adriana sólo estuvo embarazada dos veces en sus 50 años, pero hoy son más de 80 chicos los que la llaman mamá. Algunos son bebés, otros están en el jardín, unos pocos en la facultad y muchos ya se casaron y tienen sus propias familias. Pero aunque se vayan de su hogar, siempre vuelven a saludar a esta mujer que los alimentó, los vistió, los cuidó y les dio la confianza necesaria para rehacer sus vidas.

Porque los chicos que llegan a la casa de Adriana tienen poco años pero demasiados problemas: quizá ni siquiera tienen edad para ir al colegio, pero ya fueron violados, golpeados, abandonados o vivieron en la calle. Y todos ellos, al entrar a cualquiera de los tres hogares que maneja esta mujer en Caseros y San Martín, encuentran una cama y una familia. Adriana Spinelli no está sola en esto. Aldo, su esposo, y sus hijas Luciana, de 20 años, y Emiliana, de 23, la ayudan todo el tiempo. Es que no podrían dejar de hacerlo, ya que en su casa también viven 38 de estos chicos. "Me apoyan incondicionalmente. Ellos saben que es mi felicidad y que yo no podría concebir la vida de otra manera", explica.

Hogares que no se olvidan

Su amor por los chicos nació hace unos 15 años cuando empezó a ayudar en el hogar de menores de las Hermanas Adoratrices de Villa Lynch. Y al tiempo averiguó y llenó todos los papeles necesarios para levantar La Casita de Micaela, su propio hogar, en Sabattini 4171, Caseros. Primero llegaron 25 chicos, todos derivados de juzgados de menores. Pero cuando en la casita ya no entraban más, levantó otra a la vuelta, en la calle Patricios. Y hace dos años nació la tercera, en San Martín.

Judicialmente, este tipo de hogares como los que lleva adelante Adriana se llaman "de tránsito", porque cuando el juez lo dispone los chicos vuelven con sus familias o son entregados en adopción. Así, algunos viven allí sólo unos meses, aunque muchos también se quedan por años. Y también está la posibilidad de que cuando cumplen 21 años y ya son mayores ante la ley elijan qué hacer. Algunos se van, muchos se quedan. Bajita, inquieta, charlatana, Adriana no para. Sus días son tan largos que muchas veces ni siquiera tiene tiempo para dormir. Ya a las cinco de la mañana está calentando mamaderas, después, mientras despierta a algunos baña a otros. Cuando se quiso acordar, ya volvía la primera tanda del colegio para almorzar. A la tarde los acompaña al médico, al juzgado, al psicólogo, al dentista, o simplemente se sienta con ellos a hacer los deberes. Acostar a todos después de la cena es toda una ceremonia. Ninguno se va a la cama sin lavarse los dientes, tener su pijama puesto y, lo más importante: darle el gran beso de las buenas noches. "Mi objetivo es devolver a estos chicos a la sociedad sin resentimientos. Y con las historias que cargan cada uno de ellos es difícil hacerlo si no es con tiempo y amor. Por eso sería imposible hacer lo que hago si no viviera a diario con ellos", explica.

Hace 15 años que Adriana no va a un restorán, a un cine, y ni hablar de vacaciones: "¿Para qué? Lo único que me interesa es estar con ellos. Además, para mí no es ningún esfuerzo, hago lo que me gusta. Los que se esfuerzan son ellos, que tienen que tratar de superar sus problemas".

Todos en el barrio conocen a "Adriana y sus chicos", por eso nadie -incluida la Municipalidad de Tres de Febrero, el Club de Leones de Santos Lugares y el Rotary Club de Caseros- deja de ayudarlos con ropa, comida, útiles. "Aceptamos todo menos plata. La gente colabora, pero a veces falta constancia". Quien quiera comprometerse puede llamarla: 4734-6024.